23 de Septiembre
Kioooo, bienvenidos un día más a mi blog queridos navegantes. Como ya os comenté, iba a tratar de vivir una nueva aventura para la próxima semana pero debido al gran entusiasmo con el que he emprendido esta aventura, he decidido contaros una aventura extra.
La aventura de hoy, sucedió este verano, en el pueblo. Nos situamos en el 18 de agosto cuando una cálida noche de verano, junto a mis amigos, decidimos jugar a baloncesto aquella noche. Serían al rededor de las 2 de la madrugada cuando de repente, alguien avisó de luces azules, las cuales lleva la guardia civil. Enseguida recordamos, que estábamos incumpliendo las distancias de seguridad por lo que sin pensarlo dos veces, empezamos a correr dirección a un trozo de campo.
Debido a la oscuridad y la gran cantidad de adrenalina que recorría nuestros cuerpos, todos nosotros salimos corriendo solos y cuando eché la mirada a mi derecha, visualicé a dos personas de mi peña por lo que decidí seguirlas. No faltaban muchos metros hasta que llegara a su encuentro pero de repente, pisé en una acequia, perdiendo el equilibro y cayendo en ella con la mala fortuna de golpearme de frente contra un tubo de plástico que había delante.
Mis amigos, preocupados por mi integridad física, vinieron a recogerme y preguntarme qué tal estaba. Afortunadamente, tan solo sufrí un par de rasguños en las piernas, nada grave.
Por otra parte, la benemérita, no logró encontrarnos a ninguno de nosotros por lo que esa noche, pasará a nuestros recuerdos durante el año y muy posiblemente, cada verano cuando nos reencontremos, la contaremos una y otra vez.
¡Hasta la próxima navegantes míos!
Por cierto, aquí os adjunto un vídeo para que os podáis imaginar como fue la caida.
Comentarios
Publicar un comentario